Aunque cada proceso se adapta a las necesidades de cada persona, de forma general el trabajo suele organizarse en tres etapas: valoración inicial, regulación y estabilización del sistema nervioso y reprocesamiento de patrones emocionales profundos.
1. Valoración inicial
Durante las primeras sesiones nos enfocaremos en:
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Explorar qué te preocupa y qué deseas que cambie con la terapia.
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Recoger los aspectos relevantes de tu historia vital.
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Comprender cómo se manifiesta el problema en tu día a día: pensamientos, emociones, sensaciones corporales y conductas.
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Definir un foco de trabajo realista para el proceso terapéutico.
Esta etapa también te permite conocerme y valorar tu sensación de confianza y seguridad.
2. Regulación y estabilización
En esta etapa trabajaremos para ampliar lo que en psicología se conoce como ventana de tolerancia: el rango en el que podemos sentir y procesar nuestras emociones, pensamientos y sensaciones físicas sin quedarnos desbordados ni desconectados de ellas.
Cuando una persona inicia terapia suele encontrarse fuera de ese rango de regulación, lo que le dificulta comprender con claridad qué está ocurriendo en su mundo interno. Recuperar cierta estabilidad emocional sobre lo que ocurre dentro de uno mismo es el primer paso para que puedan producirse cambios duraderos.
Durante esta etapa trabajaremos en:
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Aprender herramientas de regulación emocional y corporal que ayuden al sistema nervioso a recuperar equilibrio.
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Desarrollar estrategias cognitivas que permitan tomar distancia de pensamientos repetitivos o autocríticos.
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Cultivar la mirada de observador compasivo (mindfulness), que permite entender lo que ocurre internamente sin quedar atrapado en ello.
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Comprender cómo reaccionan la mente y el cuerpo ante determinadas situaciones, identificando patrones emocionales y relacionales que aparecen en la vida cotidiana.
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Empezar a detectar el mapa de las distintas partes de la personalidad que influyen en el problema o síntoma.
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Construir una sensación más estable de bienestar y seguridad interna desde la que poder trabajar con mayor profundidad.
Para muchas personas, esta fase ya produce cambios significativos en su vida diaria.
3. Trabajo profundo y reprocesamiento de bloqueos emocionales
Cuando existe una base suficiente de regulación y recursos internos, podemos empezar a profundizar en los patrones emocionales que están en la raíz del malestar.
En esta fase trabajaremos en:
- Explorar experiencias pasadas que pueden haber configurado los patrones que hoy generan malestar.
- Realizar procesos de reprocesamiento e integración emocional de experiencias significativas.